En particular las dietas vegetarianas son carentes de Omega-3.
La alimentación con abundancia de carnes grasas, embutidos y mantecas resulta una dieta de
“alto riesgo”, ya que conduce a la obesidad, a la
hipertensión, a distintos problemas cardiovasculares
y, en casos extremos, a la insurgencia de angina, infarto y diferentes tipos de cáncer.
Las comidas principales no deben ser sustituidas habitualmente por las de preparación rápida (pizzas,
bocatas, hamburguesas y otras frituras), generalmente más grasas, calóricas y más difíciles de digerir.
La única alternativa es muy fácil a obtener: Alimentarse con cereales y pescados y,
en abundancia, con frutas, verduras y legumbres .
Es de tener presente que a veces una dieta puede ser "inadecuada" por el simple hecho de
comer, un dia tras otro, siempre lo mismo, sin variar.
Este modo de alimentarse, que se puede definir monótono, es siempre causa de
un grave deficit de determinados alimentos y, como contrapartida, de un exceso de sustancias del
mismo tipo. Estas, acumulandose en el organismo, pueden llevar a la aparición de las más diversas
enfermedades.
Es de evitar también la alimentación con un exceso de glúcidos y
relativo exceso de calorías que constituyen un desajuste orgánico a muchísimos niveles.
Los glúcidos, sobre todo los de absorción rápida, como por ejemplo los productos de pastelería
industrial, es causante de obesidad. De fato el consumo de azúcar y, en general de glúcidos,
debe ser moderado visto que nuestro organismo transforma facilmente este edulcorante en grasa.
Una dieta diaria de este tipo se traduce siempre en un aumento inevitable de la grasa corporal y,
por tanto, en una obesidad, que puede ser la causa de hipertensión, diabetes y relativos trastornos.
El consumo de alcool en abundancia lleva siempre a un estado de desnutrición reduciendo
la presencia de vitaminas y minerales, sin mencionar el daño directo que el alcohol ocasiona a las
células del hígado. Se llega frecuentemente a una hepatitis y, en casos extremos, a la cirrosis consistente
en la destrucción de las células.
Dichos trastornos pueden ocasionar daños también al corazón y al sistema nervioso y,
durante el embarazo, el alcool tomado por la madre, puede provocar graves malformaciones congénitas
al feto.
Según el tipo de cocción el valor nutritivo de
los alimentos se modifica. Para disminuir las pérdidas y no alterar la composición de los
alimentos es importante conocer las varias técnicas de cocimiento, el grado de exposición
al calor y su duración:
Las carnes no deben ser cocidas a altas temperatura para no provocar una serie de reacciones nocivas
para la salud. Hay que evitar también su tostado excesivo, el ahumado de pescado y de embutidos y el
uso frecuente de barbacoas.
La fritura no es aconsejada por que los alimentos retienen la grasa del cocimiento. Non es facil
también controlar la temperatura del aceite: si ésta es demasiado elevada los buenos
aceites vegetales se descomponen y se originan sustancias tóxicas y cancerígenas (acroleinas)
irritantes además para el estomago, el duodeno y el higado.
El aceite ideal para freir, y cocinar en general, es el
aceite de oliva virgen, puesto que es el que resiste
a altas temperaturas sin descomponerse.
Recordamos que los nitritos, usados antiguamente como conservantes de las carnes,
han sido prohibidos ya que producen en el medio ácido del estómago unas sustancias cancerígenas
llamadas "nitrosaminas".
Por último tenemos que recordar que hay personas que tienen una serie de hábitos que pueden
constituir por sí mismos "factores de riesgo":
Comer muy deprisa, sin masticar apenas, impide una buena digestión de los alimentos.
Cenar demasiado, de noche, provoca una digestión lenta que favorece la obesidad.
Las bebidas o los alimentos demasiado calientes dañan directamente las mucosas.
Fumar durante y después de las comidas, como factor de riesgo añadido, produce sobre la nutrición
un efecto aún más dañino pues el humo del tabaco destruye especialmente la vitamina C
que es la vitamina más frágil.