Hipertensión

La Hipertensión está caracterizada por el aumento permanente de la presión arterial arriba de los valores medios presentados por las personas sanas.
El más alto de dichos valores es el de la presión sistólica que representa la fuerza del latido con el cual el corazón empuja la sangre en las arterias. El más bajo es el de la presión diastólica que corresponde al momento en el cual el corazón se relaja.
Actualmente las cifras de presión consideradas normales en los adultos hasta 50 años no deben superar los 140/90 mm de Hg (mercurio). En los más ancianos de 60 años se aceptan valores no superiores a los 165/95.


Los esfuerzos físicos, el frio y el estrés pueden producir un aumento temporal de la presión, mientras el sueño y el descanso y, en las mujeres el embarazo, producen un descenso de la misma.

La Hipertensión transcurre generalmente sin síntomas y se descubre casualmente. Es es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular y cerebrovascular, hechos que pueden llevar a complicaciones severas para la salud: Las arterias del hipertenso, a medida que van soportando de forma continua el aumento de la presión, se endurecen y se hacen más gruesas y tortuosas (arteriosclerosis). El corazón supercargado aumenta de tamaño dando origen a la insuficiencia cardíaca.

Los hipertensos no tratados corren el riesgo de formación de trombos en la sangre, roptura de las arterias con la consecuencia de infarto del miocardio, hemorragias cerebrales, parálisis, daños en las células nerviosas.

La hipertensión en la mayoria de los casos no es muy alta, si bien peligrosa a largo plazo. En estos casos la tensión arterial puede ser mantenida más baja, además que con un tratamiento médico adecuado, con los siguientes preceptos: Reducción o eliminación de la sal, menor ingesta de proteínas y grasas (fiambres y quesos muy grasos), aumento de frutas y hortalizas, disminución del peso corporeo, supresión del tabaco, café, té, bebidas con cola, chocolate y cacao, y la práctica regular de ejercisio físico suave (caminar, correr, nadar, bici).
 


Por lo que se refiere a la comida está demostrado que el consumo excesivo de sal es la causa principal de la difusión de la hipertensión en la sociedad moderna. Es de tener presente que la sal de cocina contiene el 40% de sodio: Una cucharita colmada (5 gramos de sal) contiene entonces 2 gr. (2.000 miligramos) de sodio, o sea, 10 veces más de las necesidades diarias: Nuestro organismo, efectivamente, necesita sòlo 200 miligramos de sodio al dia correspondientes a medio gramo de sal.
Practicamente se puede considerar adecuada una introducción diaria de 1.25 gr de sal (0,5 g de sodio).


Según la intensidad de la hipertensión será necesario limitar o excluir de la dieta los alimentos ricos en sodio: mariscos, algunas verduras (alcachofas, apio, cardos, espinacas, porros, remolachas, zanahorias), comidas envasadas (olivas, alcaparras, picles, atún, sardinas, sopas comerciales), papas fritas, alimentos contenientes benzoato de sodio (mermeladas y zumos de fruta comerciales) y glutamato de sodio (extractos y concentrados de carne, dados para caldo).

Para mejorar el sabor de la comida se sustituirá la sal con sal dietética rica en cloruro de potasio que aumenta la eliminación del sodio y es necesario al buen funcionamiento del corazón. Usar también especias y yerbas aromáticas (albahaca, mejorana, menta, orégano, perejil, salvia, tomillo) preferiendo las frescas que se pueden cultivar también en el balcón.
 

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